miércoles, 27 de junio de 2018

AMLO y Osorio


Por Miguel Ángel Saucedo L.
Durante la transmisión de uno de los juegos del mundial de futbol, los cronistas hablaban de lo bien que jugaba el equipo mexicano. Sobre todo, decían maravillas de Osorio, el  entrenador colombiano de nuestra selección. Se congratulaban que el canto de la afición mexicana fuera precisamente ese, Osoooriooo, algo que a su ver, constituía un homenaje merecido, aunque luego agregaban que también se había merecido los insultos obtenidos cuando el equipo mexicano era derrotado. Es como actúan los “fans” de los equipos, los fanáticos. Son los admiradores que a cambio de la devoción hacia un pobre mortal, convertido en ídolo, le exigen luego los milagros  que no son capaces de exigirse a sí mismos. Igual pasa con los fanáticos de los cantantes populares y con muchos seguidores de algunos políticos.
                En el caso del futbol local, después de la obtención de algún campeonato, ¿quién no recuerda aquellos letreros en los autos proponiendo a algún jugador del Santos para gobernador? De pronto la capacidad para cantar o golear se convertía en habilidad para legislar o para gobernar. Ahí están los ejemplos de Irma Serrano, “La Tigresa”, que llegó a ser senadora de la República, postulada lo mismo por el PRI que por el PRD; o el actual caso de Cuauhtémoc Blanco postulado por Morena, PES y PT para gobernar el estado de Morelos. Y no es que no tengan derecho, basta su carácter de ciudadanos con derechos a salvo para contender por un puesto de elección popular. El punto es ¿por qué votar por alguien que no ha mostrado ninguna aptitud para gobernar o para legislar? ¿Por qué elegir a quién no ha dado muestras de preocupación por los asuntos que interesan a la ciudadanía? ¿Por qué convertir a alguien en ídolo?
                Parafraseando a Marx diríamos que “Cuanto más pone el hombre en su ídolo, tanto menos guarda en sí mismo”, lo que quiere decir que las capacidades que reconocemos a quien se idolatra son las mismas a las que renunciamos. Quizá la más importante de esas capacidades es la de la transformación del tipo de sociedad de la que formamos parte. No nos creemos capaces de construir la sociedad que queremos y, por tanto, no creemos tener la capacidad de transformarla. Igual que en el balompié. ¿Cuántos de los que vemos el futbol, en el estadio o en la televisión, lo practicamos? Y sin embargo sabemos más que Osorio, cuando pierde. Y lo endiosamos cuando gana.
                Como a Osorio, a López Obrador le puede pasar igual. Quienes hemos visto las impresionantes movilizaciones de sus seguidores, sobre todo en la ciudad de México, atestiguamos la entrega de la gente a su candidato, como si fuera su mesías. Desfilan portando enormes fotografías de AMLO, entonando cánticos apenas diferenciados de los que entonan en las peregrinaciones. Tienen razón los neoliberales en asustarse, es justa su apreciación sobre el riesgo de que la institucionalidad persistentemente construida desde los años 80, basada en el “todos contra todos”, se resquebraje. Se vislumbra la posibilidad de que el país convertido en mercado y cementerio, trasmute en una nación movilizada. Y eso da miedo a los que saben sacar provecho de la inmovilidad, a los que saben negociar con líderes políticos o religiosos que poco saben de lealtad a sus seguidores.
                Como a Osorio, la popularidad se le puede revertir a AMLO. Mientras tanto, del “Peje”  dice Silva-Herzog: “En el horizonte mexicano supone la aparición de un liderazgo radicalmente distinto, al mismo tiempo auténtico e indómito, profundo y desbocado. Será el primer líder social que ocupará la presidencia de México”.

lunes, 6 de octubre de 2014

Entre “El miedo a la libertad” y “La banalidad del mal”

Por Miguel Ángel Saucedo L.

En esta ocasión aprovecho mi espacio para hacer referencia a uno de los actores que pocas veces es objeto de críticas y que, me parece, es el más importante y ese es el pueblo mismo. Fácil es criticar al gobierno, a la iglesia, a los empresarios e, incluso, a la prensa misma. Pero lo que exige un esfuerzo mucho mayor es la crítica al respetable, al auditorio, a aquellos a los que usualmente tenemos como oyentes o como lectores. Sin embargo, resulta necesario hacer una reflexión en torno a las voces que, cada vez más seguido y no siempre desde el anonimato, expresan su aprobación a situaciones que involucran a servidores públicos (que, por definición, son depositarios de eso que llamamos el bien común), situaciones en las que no siempre se ajustan a lo que la ley establece, precisamente, para garantizar ese bien común.

                Sobre todo a partir de la guerra contra el crimen organizado, en la que Calderón nos dejó embarcados, es creciente el número de voces que comparten, por ejemplo, aquella penosísima expresión de Montiel cuando era candidato a gobernar el Estado de México, en el sentido de que “los derechos humanos son para los humanos y no para las ratas”, categoría, ésta última, en la que mucha gente suele ubicar a quienes son (presuntamente, dice la ley) delincuentes. Las consecuencias de actuar conforme a ese “pensamiento” son, entre otras, la conducta de gobernantes y policías al margen de la legalidad, convencidos de que para tutelar el bien común, las leyes se han convertido en un estorbo, particularmente aquellas que tienen que ver con la protección a los derechos humanos.

                El fusilamiento de presuntos narcotraficantes en Tlatlaya por parte de miembros del ejército, la constante denuncia acerca de la desaparición de civiles por parte de fuerzas policiacas y el reciente ajusticiamiento de estudiantes normalistas en el Estado de Guerrero impiden aceptar que vivimos en un régimen de derecho y que, por el contrario, son justamente los derechos de la mayoría de la población los que se atropellan cotidianamente con absoluta impunidad, al menos hasta que periodistas u organismos extranjeros los denuncian.

                Con todo, el tipo de policía que hemos cultivado durante años, la separación de sociedad civil y administración pública y la corrupción que ha puesto a nuestros diferentes servicios de seguridad al servicio del crimen hacen que no nos extrañe su conducta. Lo insólito, en todo caso, es que todavía quede algo de la estructura del servicio público al margen del control criminal. Lo que me parece más grave, y riesgoso, es que encima de que nuestros agentes del orden vivan del desorden, haya quien les aplauda. Que ciudadanos, tan comunes como Usted y como yo, muestren su beneplácito por las ejecuciones extrajudiciales expresa la degradación que como sociedad estamos experimentando. El desprecio por las leyes solamente puede conducir a la anticipación del Estado totalitario que, según algunos, es la fase de dominio político que sigue en México y, contra eso, es preciso reaccionar ya.
                La permanente aceptación, según las encuestas, del comportamiento de nuestras fuerzas armadas y policiales, a pesar de sus excesos,  solo puede leerse (por parte de autoridades proclives al autoritarismo) como una exigencia de mano dura, una disposición de la ciudadanía a trocar libertades por presuntas seguridades, sin darse cuenta de que, en esa misma medida, está renunciando a la libertad que tan caro nos ha costado conseguir. Conviene releer a Erich Fromm para que nos recuerde lo que le pasó al pueblo alemán cuanto se dejó dominar por  El miedo a la libertad, y a Hanna Arendt para que nos vuelva a explicar que La Banalidad del mal consiste, justamente, en que la arquitectura de nuestra sociedad obliga a que cualquier subordinado haga del mal el cumplimiento de su obligación, lo que permite que alguien con uniforme asesine simplemente “porque era su deber” o “porque estaba recibiendo órdenes”. 

jueves, 2 de octubre de 2014


Cuando Calderón desató su guerra contra el narcotráfico en lo que menos pensó es en todos los civiles que quedaríamos en medio, entre policías y sicarios. Es una guerra que todavía no tiene vencedor pero en la que habemos muchos perdedores, especialmente los jóvenes. De como, a pesar de la violencia, floreció el arte en nuestras ciudades, de eso trata este documental que se presentará el próximo lunes a las 10:00 hrs., en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.
 
 
 
 
 
 
 
Las modificaciones a las leyes a través de lo que el gobierno llama Reforma Energética y la Nueva Reforma al Campo no persiguen otra cosa que poner los recursos naturales en manos del capital. De eso,  y más, estaremos hablando el próximo 10 de Octubre en la Facultad de Ciencias Políticas.

JÓVENES Y VIOLENCIA

El título de ésta modesta colaboración casi pareciera hacer referencia a una expresión tautológica, en la que diferenciar juventud y violencia no tendría sentido ya que, según algunos, significan exactamente lo mismo. Sin embargo, no es así. La juventud es, eso sí, la energía humana en su máxima expresión y, por ello, exige de canales que permitan su conducción hacia los mejores fines que la sociedad determine. Por ejemplo, los espartanos, escribe Sabina Berman en la Revista Proceso de ésta semana, (http://www.proceso.com.mx/?p=382692) “fueron magníficos en el arte del asesinato, la guerra, pero no en las artes de la cooperación y el bien vivir, las bellas artes y la filosofía” porque para eso eran entrenados los jóvenes de Esparta, para matar o morir. Por eso, dice también Sabina, “fueron atenienses y no espartanos Sócrates y Platón”, es decir, porque en Atenas se cultivaba un concepto muy diferente de juventud, menos apegado a la guerra y más cercano a la filosofía.
Lo anterior viene a cuento porque el pasado miércoles 24 se llevó a cabo, en la Librería El Astillero, la Mesa de diálogo Jóvenes y violencia: Reflexiones en torno a la situación lagunera, convocada por el Grupo de Investigación Interdisciplinaria de La Laguna y en la que pudimos intercambiar puntos de vista con jóvenes investigadores que asumen, desde sus respectivas trincheras, el compromiso de la reflexión sobre la situación de violencia que le tocó vivir a la juventud de nuestra región en éstos últimos años. Podría decirse que la violencia nos afecta a todos, y eso es cierto pero, no a todos por igual. Los jóvenes, según datos esgrimidos en ese diálogo, son los más afectados, son las víctimas predilectas, quizá precisamente por esa energía para la que el Estado mexicano hace tiempo dejó de ofrecer alternativas. Por ejemplo, ahí se mencionó que en el año 2011, con datos de la Procuraduría General de Justicia del Estado, Torreón se situó como la ciudad más violenta del Coahuila con un total de 741 asesinado de los cuales 277, es decir, el 37.3% contaba con menos de 25 años y 44 de las víctimas eran menores de edad. Para 2012 el total de homicidios violentos fue de 537, de los cuales 197 eran menores de 25 años, incluyendo a 37 que eran menores de edad. De manera que, con esos datos, es obvio que el joven es la víctima predilecta del crimen organizado. Por supuesto, falta incluir en el rubro de víctimas a muchos de los jóvenes que trabajan como sicarios, distribuidores o “halcones” ya que difícilmente podría aceptarse que tomaron esa decisión desechando la opción de un trabajo digno o de una oportunidad de estudiar pues, ambas opciones son, desde hace tiempo, inexistentes. El ser “nini” (jóvenes que ni trabajan ni estudian) lejos de ser una opción es la condición para su conversión en operadores del narco. Sin trabajo, sin educación y habitantes de barrios seleccionados para el mercadeo de droga son la carne de cañón más barata para ese tipo de actividades.
Por otra parte. la definición de las identidades, de género, por ejemplo, también fueron dramáticamente alteradas por la irrupción de la violencia vinculada al narcotráfico. De repente, la masculinidad dejó de identificarse con la capacidad o disposición para resolver las diferencias personales a través de un “tiro derecho”, es decir, persona a persona o de hombre a hombre (sin intervención de amigos o cómplices) y a mano limpia, o sea, sin armas ya que quién usara instrumentos punzocortantes o armas de fuego estaría renunciando al concepto socialmente aceptado de hombría para ubicarse, por tanto, en el rubro de la cobardía. La amistad, lo que los jóvenes del barrio llaman “el carnalismo”, la solidaridad con alguien tan solo porque es del barrio son conductas que recién empiezan a recuperarse conforme se arrebata la esquina, la calle y la plaza a la actividad delictiva. La pregunta es ¿Cómo hacer para que la recuperación sea definitiva? Ésta y otras preguntas quedaron pendientes para la siguiente Mesa de Diálogo a la que, ojalá, muy pronto nos convoque el Grupo de Investigación Interdisciplinaria de la Laguna en la hospitalidad de El Astillero.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Las mujeres del alba


Las mujeres del alba

Por Miguel Ángel Saucedo L.

“Atacaron a los soldados”, exclamaban con preocupación. Yo sabía que la lucha era en el cuartel, que ahí tenía que ser. No saludé ni me detuve con nadie; yo iba concentrada en avanzar con mis cinco hijos. Cuando llegamos a la casa de mi cuñada, no me sorprendió verla afuera. La vi a los ojos y entendí lo que ocurría. “Temo que ahí estén mis hermanos Salomón y Salvador”, me dijo. “Claro que están”, pensé yo, pero nada respondí. “Tengo que esconderme, no tardarán en buscarnos”, le dije. Nos llevaron a la troje; estaba llena de maíz, aperos. Nos trajo algo de comida y un pequeño aparato de radio. “Tenía que ser así”, le comenté. “Los hombres piensan que son los únicos que viven y mueren”, respondió con miedo y con presentimiento. “Todos morimos”, le contesté. “Pero unos sufren más”, repitió. “Yo creo que sí, pero no importa ahora”, insistí. “Ellos se van al monte o se mueren, pero tú tienes que esconderte”. Tenía razón, pero había muchas cosas que hacer; no había tiempo para hablar.

            Lo anterior es un fragmento del excelente libro de Carlos Montemayor Las mujeres del alba, texto que recupera una de las facetas que pocas veces se recogen acerca de eventos tan dramáticamente importantes en la vida de una nación, como los movimientos armados. Y la faceta que recupera es la participación, o mejor dicho, el sufrimiento de quienes “no participan”, en este caso, las mujeres. El libro nos muestra como en un estado de polarización social no es posible la “no participación” y nos muestra ese lado de la realidad que permanece oscuro, a pesar de ser tan doloroso.

Por ejemplo, cuando se habla de la guerra contra el narcotráfico se habla de muertos, tanto ejecutados como de quienes pierden la vida en los enfrentamientos, y las cifras que dan cuenta de ello, de por si dolorosas, parecieran reducir el sufrimiento al de quienes mueren. Esas cifras no hablan de cuantos niños quedan huérfanos, tampoco mencionan a quienes se convierten en viudas y quedan, con todo y familia, en el peor de los desamparos. No muestran a quienes sufren la muerte de sus hijos ni la pérdida de los lazos comunales y vecinales que antes permitían acompañarse en el duelo y en la solidaridad para enfrentar la desgracia, lazos que ahora se sustituyen por el miedo y la desconfianza. No hablan de quienes se convierten en esposas, madres o hijas de quienes pasan a formar parte de la creciente población carcelaria, sujetos a la indignidad de vivir en espacios insuficientes para   albergarlos, a los constantes y permanentes abusos por parte de quienes controlan las prisiones.

Las mujeres del alba son las esposas, madres, hijas y hermanas  de hombres que, simplemente, un día se cansaron de soportar carencias y humillaciones y decidieron que arriesgar la vida bien valía la pena para iniciar, así, un proceso de transformación de las condiciones en las que  sus familias tendrían un poco de dignidad, algo de bienestar, un mejor futuro para sus hijos. Esa madrugada del 23 de Septiembre de 1965, el ataque al cuartel militar en Madera, Chihuahua, haría despertar a un país ubicado aún en el sueño del “milagro mexicano”, ese periodo de crecimiento sostenido que permitió que el crecimiento económico fuera superior al de la población, un “desarrollo” que, nos hicieron creer, era el desarrollo de todos.   

Las mujeres del alba nos recuerdan que los hombres no son “los únicos que viven y mueren”, algo que conviene tener presente en un país que sigue empecinado en la espiral de polarización que lleva ya varios años y que, lejos de disminuir, tiende a crecer.

Las mujeres del alba. Carlos Montemayor. Mondadori, 2010.

miércoles, 21 de agosto de 2013

Conflicto y cultura del agua


Por Miguel Ángel Saucedo L.

 

Lejos de ser una idílica región en la que el agua se gestiona sin conflictos, La Laguna es el producto de permanentes contradicciones entre los diferentes grupos sociales que la conforman por la simple y sencilla razón de que dichos grupos tienen una relación de acceso diferencial con respecto al líquido  elemento. Una relación en la que lo importante es la cercanía o lejanía social con el agua, una mayor o menor posibilidad de usarla según el lugar que se ocupe en la jerarquía social. Esa es la historia de la región, una historia de la que el río Nazas es una especie de cicatriz que queda como recuerdo de viejos conflictos, aparentemente superados.

Como dice Bourdieu, un espacio social se construye según sea la  vecindad social de cada agente social respecto de las cosas (en este caso, el agua)[1]. Y en  la Región Lagunera, como en cualquier otro lugar, la cercanía es diferencial, determinada siempre según la cantidad y calidad de capital económico, político, cultural y simbólico con que cada uno de los agentes cuente. Esto es importante precisarlo porque no basta con el poderío económico o político para contar con el control de un recurso tan fundamental para la vida como lo es el agua; se requiere, además, de la complicidad pasiva de aquellos que se conforman con menores posibilidades de acceso. Dicho en otras palabras, la concentración de derechos de agua es posible porque las condiciones bajo las que se regula el acceso al recurso las dicta el  mercado, que es el mecanismo socialmente aceptado para regular el derecho al agua.

            Sí, la Comarca Lagunera es una región que hoy se caracteriza por una situación de tensión entre los diferentes usos que el modelo productivo regional demanda. Como dice Hernán Salas “la cultura hídrica de los laguneros consiste, por una parte, en la tensión por la utilización industrial, agropecuaria y doméstica del agua y, por otra, en la reveladora posibilidad de llegar a acuerdos y consensos entre los usuarios del líquido.”[2] Y aquí vale la pena tomar en cuenta que si la región existe como tal, es decir, como unidad económica, social y cultural, es precisamente porque no solo ha sido escenario de conflictos sino también de acuerdos y consensos. Eso no es poca cosa, ahora que las disputas por el agua en otras regiones del país amenazan con desbordarse por el lado de la violencia, conviene recordar que ya hemos recorrido un largo trecho en la construcción de mecanismos de política que posibilitan la solución civilizada de los conflictos que, por otra parte, son inmanentes a todo tipo de sociedad.

            Una nueva cultura del agua, transita, necesariamente, por una cultura cívica, una cultura de participación en los asuntos públicos lo cual exige, ciertamente, informarse pero también formarse en el ejercicio del trato con los diferentes. La redefinición de los acuerdos institucionales para regular el acceso al vital líquido, requiere hacer del conflicto una oportunidad para la reestructuración del espacio social con los menores costos posibles.



[1] Bourdieu, P. (1999). Efectos de lugar, en Miseria del mundo, Ed. FCE, Argentina
[2] Salas Q. Hernán. (2004). Cultura del agua. Conflictividad y convivencia en La Laguna. Anales de Antropología, vol. 38, IIA, UNAM, México.

martes, 13 de agosto de 2013

Agua y tecnología


 
 
Por Miguel Ángel Saucedo L.
Pese a las distintas medidas para contener la paulatina disminución del nivel de los mantos freáticos, ésta continúa, lo cual se observa en el hecho de que hace años podía obtenerse agua del subsuelo perforando a niveles prácticamente superficiales y ahora hay que hacerlo hasta a 300 metros, profundidad en la que se encuentran elementos nocivos para la salud, como el arsénico. La razón de tal disminución en la disponibilidad de agua, ya se sabe, es la inmoderada extracción del vital líquido combinada con escasas recargas. Tan simple como que extraemos más agua que la que se filtra al subsuelo.
                Una de las múltiples razones del desequilibrio entre extracción y recarga es la idea que se tiene de las innovaciones  tecnológicas. Convencidos de que hay “tecnologías ahorradoras de agua”  se ha gastado dinero público y privado   en el diseño de todo un paquete tecnológico dirigido al ahorro, no solo de agua, sino de otros insumos necesarios en la producción agrícola, primero de algodón y ahora de forrajes. Y en efecto, la  competencia entre costos y beneficios ocasionó una producción algodonera muy  eficiente, tanto que se logró convertir a la región en una de las más prósperas y, además, en una de las más importantes proveedoras de divisas durante muchos años. La riqueza económica del “boom algodonero” se explicaba, precisamente, por la constante innovación de tecnologías que iban desde la “pavimentación” o revestimiento de los canales de riego para evitar la filtración y la evaporación (términos que en la jerga eficientista significaban “pérdidas”), hasta la aplicación de fertilizantes más agresivos, que si bien incrementaban la producción en lo inmediato, a la larga terminaban disminuyendo severamente la capacidad productiva el suelo. A ello se agregaba el uso de semillas “mejoradas” con lo que se hizo al campesino dependiente de la “tecnología de mejoramiento” y la incesante aplicación de los insecticidas cuyos residuos siguen contaminando el suelo.
                Los “ahorros” así obtenidos, lejos de disminuir el consumo de agua en la agricultura lo incentivaron. La razón es simple, se produce para obtener ganancias y por lo tanto “ahorrar” agua es disponer de más posibilidades de producir, es decir, de ganar dinero.
                Cuando la producción algodonera dejó de ser negocio, las inversiones cambiaron de giro, quienes antes se dedicaban a producir algodón reorientaron su actividad (con apoyo de políticas gubernamentales) a la producción lechera cuyo insumo principal son los forrajes, principalmente alfalfa, que a su vez tienen como insumo principal el agua. Y como en el caso del algodón, la competencia hizo que paulatinamente se incorporaran mejoras tecnológicas para disminuir costos, pero también los ahorros obtenidos terminaron por incentivar la ampliación de la producción lechera y, por tanto, la producción forrajera.
                Estaríamos hablando de un negocio redondo excepto que, el acuífero regional es uno de los más sobreexplotados y el uso que hemos hecho de la tecnología ha contribuido a ello, justamente porque la racionalidad que domina el modelo agropecuario lagunero es una racionalidad productivista, una manera de calcular la relación entre insumos y utilidades en términos estrictamente monetarios y no de medio ambiente, lo que impide ver que los costos son justamente de corte ambiental. La relación entre mercado y naturaleza, mediada por la tecnología, nos ha conducido a una situación en la que estamos cerca (si no hemos llegado ya) de un punto de no-retorno en cuanto a degradación ambiental. Si algo nos ha enseñado la tecnología es que por sí misma no resuelve los problemas, de hecho, a veces los complica más. Todo depende de cual sea la racionalidad con la que se use y para hablar de una racionalidad alternativa es necesaria la incorporación de otros actores fundamentales como son el Estado y la sociedad organizada.

lunes, 1 de octubre de 2012

Laguna compleja

Por Miguel Ángel Saucedo L. Dice Rolando García* que la realidad física existe en forma de niveles de organización semiautónomos, niveles en los que rigen dinámicas específicas para cada uno pero con interacción entre ellos. Esto implica una perspectiva distinta a la de la ciencia tradicional, especialmente distinta a la física de Einstein, que sostiene que el mundo físico es uno y está sujeto a las mismas leyes, leyes universales cuyo conocimiento sería la aspiración de todo científico. Rolando, por el contrario, considera que tales niveles de organización, en la medida en que son semiautónomos, se encuentran “desacoplados” dado que cada uno de estos niveles puede ser explicado por una determinada teoría sin que los cambios en dichas explicaciones, afecten las explicaciones de los otros campos o niveles. Sólo cuando tomamos en cuenta las interacciones entre los diversos niveles se posibilita la emergencia de aspectos que hacen evidente que lo que sucede en alguno de los niveles impacta, en un grado u otro, a los demás. Así, en el caso de la Comarca Lagunera, las políticas de desarrollo rural de corte neoliberal han impactado no sólo a la población ejidal sino a la región en su conjunto. Con la liberalización de las tierras ejidales a partir de 1992, se desató un proceso de concentración de tierras y, sobre todo, de agua que ha polarizado nuevamente la distribución de dichos recursos. Dejar que la tierra y el agua sean de quien tiene más dinero generó una nueva estructura agraria que se expresa en el empobrecimiento de campesinos que se ven obligados a vender sus recursos, tanto sus derechos de agua como su parcela. Esto es un ejemplo de cómo las condiciones de contorno, es decir, elementos ajenos al sistema (en este caso, el Estado y el mercado nacional e internacional) condicionan el comportamiento del mismo. Así, es posible explicarnos fenómenos sociales que, aparentemente, poco tienen que ver con las explicaciones a los problemas del medio físico, sobre todo si olvidamos que, aunque dichos niveles son semiautónomos, tienen interacción entre sí. De ese modo, un incremento en la demanda nacional de leche, generó para la industria lechera regional una posibilidad de crecimiento que, sin embargo, requirió de más tierras y más agua que obtuvo de los ejidatarios. Deterioro ambiental y empobrecimiento social, son algunas de las consecuencias. Esta recuperación de la noción de “interrelación entre niveles” permite, también, la emergencia de la noción de “sistema complejo”, es decir, la confluencia de múltiples procesos cuyas interrelaciones constituyen una “totalidad organizada”, un gran proceso en el que los subprocesos que lo constituyen dependen de la función que cada uno de ellos cumple en esa gran totalidad. Es lo que el mismo Rolando llama la “interdefinibilidad,” característica que se puede encontrar en los diferentes procesos que constituyen la región lagunera y que permiten asumirla como una unidad, como un sistema. Para el caso de la producción ejidal, entendida como uno de los subsistemas que alguna vez jugó un rol protagónico en el desarrollo regional lagunero, implica reconocer que las condiciones de contorno, es decir los aspectos que están fuera del sistema regional pero que, sin duda, influyen en él, han creado condiciones en las que la población ejidal pareciera no tener otra opción que la de desaparecer para transformarse en migrantes o en jornaleros en busca de empleo en las unidades productivas particulares, constituidas sobre lo que antes fueron sus parcelas. * García, Rolando. “Sistemas complejos”. Ed. Gedisa. España. 2006.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

A propósito de cárceles y fugas

Por Miguel Ángel Saucedo L. Un porcentaje creciente de la población mexicana vive en la cárcel. Concebidos como Centros de “Readaptación Social” los reclusorios mexicanos son una de las más gráficas expresiones de un modelo de desarrollo que se caracteriza por su carácter excluyente. Desde la adopción del modelo neoliberal, en la década de los 80’s, las posibilidades de empleo han ido a la baja, así como las condiciones de vida de los que tienen la “fortuna” de ser asalariados. El fracaso de tal modelo se hace evidente con el incesante incremento de los índices de desempleo así como de la precarización de las condiciones de trabajo y la tendencia a la desaparición de las prestaciones que antes acompañaban al salario. La incapacidad para generar nuevas fuentes de empleo y nuevos espacios escolares para los jóvenes está generando incrementos en los índices de delincuencia. Sin acceso a una plaza laboral o a un lugar en la escuela, los jóvenes se ven obligados a buscar refugio en las adicciones o en la delincuencia, ámbitos que se alimentan de la porción más fuerte y vigorosa de nuestra sociedad que son los jóvenes. Son ellos, que deberían estar estudiando o produciendo, los que pueblan las cárceles mexicanas, famosas por su capacidad para destruir moral y anímicamente a sus inquilinos, más que por su capacidad de “readaptación” De acuerdo con el periódico El Universal (20 de febrero de 2012) el número de motines registrados en los reclusorios mexicanos durante el año 2011 fue de 3,269 así como 922 disturbios que ocasionaron la muerte a 316 reclusos. Esto se debe en parte a la sobrepoblación que, según el mismo periódico, alcanzó en ese año un 22.7% aunque en 2010 era de casi el 30 por ciento. Estos fríos números son algo más que una abstracción. Implican que en una celda se encuentren hacinados más presos de los que pueden dormir en la misma, o que por lo menos puedan dormir en forma horizontal, aunque sea en el suelo de manera que hay cárceles en las que los reclusos duermen de pie, amarrados con sábanas a los barrotes de su celda. La creciente penalización de la vida en México tiene que ver con la forma en que el régimen panista que encabeza Calderón concibe a la sociedad. Para ellos sólo hay los buenos y los malos, y los primeros son aquellos se benefician de la desigualdad social o los que, aún siendo marginados, prefieren ver morir a sus hijos de hambre o de enfermedades curables antes que robar. Los malos son todos aquellos que violan la ley independientemente de que la política económica los haya confinado a los márgenes de la sociedad, ahí donde sólo es posible sobrevivir como integrante de la delincuencia organizada o no. En lugar de pensar en mecanismos de atención (social, productiva, psicológica) a todos aquellos que se incorporan a las filas del delito, el régimen panista sólo atina a perseguirlos, eliminarlos o recluirlos, situación que tomó por sorpresa al sistema penitenciario mexicano y que lo excede en cuanto a infraestructura para recibir a tantos nuevos inquilinos. Hasta la iglesia (http://www.proceso.com.mx/?p=299401) propone “el uso de equipos modernos y sofisticados de vigilancia y seguridad”, en lugar de hacer propuestas sobre métodos eficientes de readaptación de quienes delinquen. Asume esta institución la imposibilidad de la reinserción social pues considera a los 488 reclusorios del país como “universidades del crimen” en los que habitan 225 mil personas, casi un cuarto de millón de mexicanos que, en lugar de vivir una vida productiva y útil a los demás, viven la pesadilla de su paulatina degradación moral, sin más esperanza que la fuga o la adscripción a los cárteles que ahora no solo se adueñaron de las calles sino también de los reclusorios. El desprecio por la vida y la dignidad humanas se refleja en la noción que el gobierno tiene de la cárcel, simples depósitos de seres humanos de desecho por los que no vale la pena invertir en su rehabilitación.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Oribe Peralta y el esfuerzo personal

Nativo del ejido “La Partida”, Oribe el “Cepillo” Peralta dividía su tiempo de adolescente entre la práctica del futbol y sus estudios en el Conalep. Levantarse todos los días para entrenar desde las 6 de la mañana, luego a partir de las 2 de la tarde asistir a estudiar al Conalep para regresar a casa a las diez de la noche, era la vida de éste triple campeón del futbol: se coronó en los panamericano de 2011, luego se hizo campeón de liga 2012 con el Santos Laguna y, finalmente, define con dos goles la final olímpica, celebrada en Londres. Ejemplo de pundonor, de coraje, de esfuerzo individual, el “Cepillo” parece encarnar la promesa que el modelo económico en México ofrece a los jóvenes: el éxito profesional, económico y social es posible, es cuestión de “echarle ganas”, de esforzase y exigirse a uno mismo Nacido en 1984, medio siglo después que el presidente Lázaro Cárdenas decretara la Reforma Agraria como respuesta a las legítimas demandas de quienes en 1936 trabajaban para los grandes hacendados de entonces, Oribe es un beneficiario del cada vez más menguante Estado de Bienestar, el Estado comprometido a satisfacer las necesidades de las masas campesinas que en 1910 decidieron hacer una revolución para cambiar la situación en que vivían. La promesa de Tierra y Libertad, sin embargo, no fue cumplida sino hasta 1936. Los jornaleros agrícolas (peones acasillados) así como los llamados “bonanceros” (trabajadores agrícolas que venían de otras partes del país a la pizca del algodón) después de una huelga que paralizó a todas las haciendas laguneras, se convirtieron en ejidatarios gracias al decreto expropiatorio que acabó con la hacienda como referente de riqueza generada en la actividad agrícola, evento que permitió la emergencia del ejido y la pequeña propiedad como nuevos actores del desarrollo rural regional. Con tres hermanos y una hermana, Peralta es parte de una familia que, por su número, está a medio camino entre aquellas típicas familias rurales de antaño, las que descansaban sobre el principio de que mientras más hijos más brazos para trabajar la tierra y las que escucharon aquel mensaje de “pocos hijos para vivir mejor”, que en el caso de las familias rurales de hoy significa pocos hijos para que generar menos migrantes. Pero, ¿qué tan cierto es que el caso de Oribe Peralta es la muestra de que todo es cuestión de “echarle ganas” para alcanzar el éxito? El “Cepillo”, como conocen a Oribe desde chamaco, inicia a los 17 años su ingreso a la escuela de futbol “Salvador Necochea” (cecifut), lugar en el que pulirá las habilidades que desarrolló jugando hasta descalzo en las polvorientas calles de “La Partida”. Seguramente dotado de habilidades innatas, Peralta las pulió con tesón y terquedad, es cierto, motivado por la pasión que el futbol suele generar en los niños y jóvenes de muchas regiones de nuestro México. Sin embargo, cada año miles y miles de jóvenes mexicanos nacidos en el campo (y los nacidos en la ciudad también) son virtualmente expulsados no solo de su región sino de su país, obligados a buscar el sustento en otra tierra porque su patria les niega tal posibilidad. Cada año, sobre todo desde la docena trágica de gobiernos panistas, alrededor de 500 mil mexicanos, la mayoría de ellos jóvenes campesinos, se ven obligados a emigrar hacia el norte, buscando pasar al vecino país en busca del empleo que les es negado en su propio terruño. Forzados a vender sus derechos de agua y sus tierras se convierten en parias de las urbes cercanas, aquí mismo en nuestra ciudad, en la frontera norte y, en el mejor de los casos, terminan convertidos en mano de obra barata en los campos norteamericanos. El modelo de desarrollo agropecuario que privilegia al capital y desdeña al campesino, ha generado muy pocos Oribes Peralta y muchos desterrados, migrantes y también, muchos jóvenes sin más opción que el crimen organizado como refugio. No hay duda, Oribe Peralta es un lagunero, hijo de ejidatario que merece el reconocimiento que recibirá del Ayuntamiento de Torreón pero, ciertamente, no es alguien que triunfó gracias al modelo de desarrollo… sino a pesar del mismo.

domingo, 12 de junio de 2011

Encuestas de cultura, cultura de encuestas.


Hablar de encuestas en un país como México es hablar de una realidad hasta hace pocos años inexistente. Para aquellos que crecimos como parte de una sociedad de partido único (el PRI), de religión única (la católica), televisora única (telesistema, hoy televisa) y hasta con la coca cola como refresco único, es difícil imaginar que algún día sería necesaria una encuesta para saber lo que la gente opina. Éramos una sociedad muy parecida a lo que nos enseñaban en la escuela primaria acerca del sistema solar, un sistema heliocéntrico que tenía varios planetas pero todos girando alrededor del sol. La diversidad de los planetas se reducía a cuestiones secundarias como el tamaño, la ubicación, el color, etc. Y de la misma manera nuestro sistema político tenía al Presidente como centro rector, al PRI como el único camino para llegar a ese centro de poder, al catolicismo como la única manera de salvar el alma, telesistema como la única forma de esparcimiento y la coca cola como la única o, al menos, la más conocida forma de calmar la sed.
En una sociedad donde la unicidad es la característica fundamental la encuesta es un absurdo. Todos sabíamos los resultados de las elecciones (aún antes de que éstas se realizaran), y conocíamos nuestras preferencias religiosas (aunque no participáramos en los ritos), teníamos la certidumbre de que la coca cola tenía el mismo sabor aún cuando no trajéramos en el bolsillo las monedas suficientes para comprarla y, por supuesto, la programación de televisión era tan previsible que ni las noticias ofrecían un panorama diverso pues por muy disímiles que fueran los acontecimientos noticiosos, la televisora les daba el matiz de uniformidad necesario para que la sociedad mexicana no se sobresaltara.


En ese contexto de homogeneidad a nadie le importaban las diferencias porque estas eran inexistentes o, eso nos decían, transitorias. Es cierto que había pobres y ricos pero México era el país de la abundancia, de manera que, más tarde o más temprano, la revolución nos cumpliría las promesas de igualdad que estaban pendientes desde 1917. En estas circunstancias una encuesta de opinión era impensable porque la opinión no cuenta en un régimen autoritario, por eso no podía haber cultura de encuestas.
EL movimiento del ’68 nos mostraría de manera abrupta que en México no todos estábamos conformes, que el nuestro era un país de desiguales, que la desigualdad, lejos de disminuir, tendía a profundizar y a extenderse. Nos descubrimos diferentes y entonces nos vendieron la idea de la multiculturalidad, nos dijeron que éramos diferentes pero que todos cabíamos en el PRI. Esto, por supuesto, no todos lo creyeron y así, de los reprimidos en el 68’ unos, en efecto, se sumaron al partido oficial (Muñoz Ledo, Ifigenia Navarrete, etc.), otros optaron por la formación de organizaciones independientes y otros más consideraron que la única salida era la violencia y nacieron así las organizaciones guerrilleras.
La salida que el Estado mexicano ideó es lo que se llama la Reforma Política, una reforma que asumía que, en efecto, éramos diferentes y que era necesario abrir espacios para que los diferentes también se expresaran. Lenta pero inexorablemente se fue abriendo un abanico cada vez más amplio de opciones partidarias, y aunque la hegemonía del PRI se mantenía inalterable en las elecciones presidenciales, poco a poco se fue gestando una característica de los procesos electorales verdaderamente democráticos: la incertidumbre. De pronto en algunas elecciones estatales y, sobre todo, en las municipales, ya no sabíamos quién sería el ganador. La incertidumbre nos convenció de la necesidad de usar instrumentos que ya eran de uso cotidiano en las democracias consolidadas, es decir, las encuestas. Poco confiables al principio, las encuestas se fueron convirtiendo en un elemento indispensable para saber lo que pensaba la gente acerca de sus preferencias electorales. La apertura comercial, impulsada por el régimen de Miguel de la Madrid en los 80’s y consolidada en los 90’ con Salinas de Gortari, nos proveyó de artículos en tal variedad que las preferencias de los consumidores se volvieron también impredecibles. De pronto, la sociedad mexicana se desconocía a sí misma. La imagen inamovible que teníamos de nosotros mismos ya no correspondía con muchas de nuestras actitudes y comportamientos. Nuestra conducta como electores y consumidores se volvió impredecible y se creaban así, las condiciones para que la encuesta se posicionara como el instrumento más eficaz para anticiparse al comportamiento de los mexicanos. La confianza en las encuestas se fue arraigando hasta el grado en que hoy ya se puede afirmar que existe una cultura de las encuestas.
Nos hemos acostumbrado a que casa por casa, o por teléfono o por internet se nos pregunte constantemente nuestra opinión sobre los tópicos más diversos, desde nuestros gustos por productos alimenticios hasta los comportamientos más íntimos que tenemos en la alcoba.

domingo, 5 de junio de 2011


No es necesario estar a favor del PRI ni, mucho menos, del hijo de Carlos Hank González para saber que estamos ante el inicio de una nueva cacería de brujas. La detención de Jorge Hank solo puede presagiar la determinación de quién llegó a la Presidencia de México (haiga sido como haiga sido) de conservarla para su partido. Esto presagia una nueva guerra sucia que no sólo afectará al PRI sino que enlodará todo el ejecrcicio de la vcida política.

viernes, 29 de abril de 2011

Ser niño, aquí y ahora



¿Qué significa ser niño en estos momentos, en este país? ¿A qué proyecto de vida puede aspirar un niño cuando ni siquiera tiene la seguridad de regresar vivo a su casa después de salir de la escuela? ¿A qué juegan los niños de hoy? ¿Esos mismos niños, los que sobrevivan, en que se convertirán dentro de diez años?
Si ahorita no sabemos qué hacer con los niños de los noventas, los jóvenes de hoy, (y tan no supimos que hacer con ellos cuando eran niños que hoy los hemos convertido en jóvenes nini’s), pues entonces deberíamos estar ocupándonos de los niños del nuevo milenio, esos que ya empiezan a ser llamados la “generación bang-bang”, la generación que está creciendo entre tiroteos y masacres, entre desaparecidos y ejecutados. Niños que son despertados a media noche por los estruendos de los R-15 o de los granadazos que intercambian los grupos que se disputan la plaza (nuestra ciudad); o que les ha tocado ver como “levantan” al compañerito de la escuela, o que son involuntarios testigos de la ejecución de un vecino o un desconocido en la calle donde juegan, o…ad nauseam.
Creemos, con una cierta y dolorosa ingenuidad, que las víctimas de la guerra contra el narco son “sólo” los casi cuarenta mil muertos que van hasta la fecha. Se nos olvida que esos muertos tienen hermanos, padres, hijos, familia. Se nos olvida que muchos de los deudos de esas decenas de miles de muertos son niños que difícilmente van a crecer como niños “normales”.
Lo mismo en la periferia que en las colonias residenciales, la muerte es una permanente compañera de la vida en la sociedad torreonense. Vivir acompañado de la muerte, ¿es vida? Los ricos y los pobres, los creyentes y los ateos, los azules y los tricolores, los buenos y los malos, todos vivimos con la muerte a cuestas, con la certidumbre de que la incertidumbre es lo único de lo que podemos estar seguros.
En ese escenario, ser niño ¿tiene algún significado? ¿Podremos este 30 de abril decirle a los niños, nuestros niños, “feliz día del niño”? Seguramente podremos repartirles besos, y también pastel y dulces y hasta una palmadita en la espalda mientras les decimos ¡Felicidades campeón¡ ¡Felicidades princesita¡, pero, ¿podremos hacer todo eso sin el sentimiento de que no hemos cumplido con nuestra tarea, sin la sensación de que su futuro es tan negro, o más, que su presente?
La violencia tiene muchas caras. Hasta ahora hemos mencionado solamente la violencia visible, esa que tiñe de rojo las calles y de amarillo los titulares de los periódicos. Pero hay otra violencia que también lastima, que también deja secuelas y que, sin embargo, casi nunca ocupa las primeras planas de los diarios. Por ejemplo, el que dos de cada diez niños y niñas presenten baja talla para su edad, es decir, que no desarrollen físicamente su potencial por falta de los nutrimentos necesarios, habla de lo injusto que es nuestra sociedad con sus “princesitas” y sus “campeones”. Y eso para no hablar de las muertes infantiles por diarreas o infecciones respiratorias, es decir, afecciones perfectamente curables en una sociedad en la que el Estado hace su parte y la sociedad también. En esas condiciones, ¿los niños mexicanos tienen algo que festejar?

sábado, 19 de febrero de 2011

Las mujeres del alba


En 1965, en la madrugada del 23 de septiembre, un grupo (alrededor de una docena) de estudiantes, profesores y campesinos asaltaban un cuartel militar en la población de Madera, Chihuahua. Mal armados, sin entrenamiento militar y reducidos en número fueron abatidos esa misma mañana la mayoría de ellos y aplastado, de ese modo, lo que sería el inicio de una insurrección armada que se esperaba se extendiera por toda la sierra, por todo Chihuahua, por todo el país.
Novelas, reportajes, memorias, ensayos y narraciones diversas recuperan lo sucedido ese 23 de septiembre en Madera. El escritor Carlos Montemayor reivindica a los alzados en su libro “Las armas del alba” pero faltaba recuperar la visión femenina, la forma en que las mujeres vieron y vivieron esos acontecimientos. Es cierto que entre los que asaltaron el cuartel no había mujeres, pero tampoco es explicable ese episodio sin la participación femenina.
Carlos Montemayor salda esa deuda con el excelente libro “Las mujeres del alba”, un libro en el que ellas, las mujeres del alba, nos platican la lenta transformación de sus hijos y hermanos en hombres, pero en hombres necesariamente rebeldes porque el entorno social de Madera en los años 50’s y 60’s era de explotación, despojo y humillación. Ser hijo de campesino en una tierra controlada por caciques, policías y soldados es tener la rebeldía como destino, la dignidad como razón de vida y la solidaridad como única forma de sobrevivir ante los abusos de los explotadores.
Y esas mujeres del alba nos van platicando, como si fuera lo más natural, la lucha, la organización, las pequeñas victorias y la gran derrota. Para estas mujeres es normal que sus hombres (esposos, padres, hijos o hermanos) se enrolen en la lucha armada, para ellas es lógico incluso la muerte de ellos. Lo único que no cuadra es la derrota. El hecho de no haya otros que tomen las armas es lo único que molesta a Herculana y a las otras mujeres del alba. De eso trata este estupendo libro presentado el día de ayer en la Facultad de Ciencias Políticas. Estupendo el libro y estupenda la presentación a cargo de Karla Alvízar y Susana de la Garza, compañera de Carlos Montemayor.
Para Susana el evento de ayer era uno más en el largo periplo iniciado el año pasado para presentar el libro en diversas partes del país. Pero ayer fue diferente, dijo Susana que “el ambiente” en el que se desarrollaba la presentación era de una emotividad tal que no pudo evitar el llanto. No era para menos, el libro en sí mismo es la referencia a una herida abierta en el cuerpo social que somos los mexicanos, es el reconocimiento de una sociedad tan desigual que el asalto al cuartel en Madera es lógico. Antes de ella, Karla Alvízar, apoyándose en el entrañable personaje (de la vida real, no de ficción) que es Doña Herculana, despierta nuestras emociones, nuestro sentido de solidaridad, desata la rabia contenida y hace que dolor, rabia, indignación y solidaridad se agolpen en la garganta. Dice Doña Herculana, en la voz de Karla “Si también había muerto mi hijo, ¿qué hacer? Esto podía pasar, claro que sí. Pero a mi otras cosas me quitaban el dolor, pues me enojaban.” …”¿Dónde están los que se iban a levantar cuando cayeran los primeros? Esto me ofendía pero me quitaba el dolor.” Metida en las entrañas de las mujeres del alba, Karla hace una lectura emotiva, solidaria, comprometida con mujeres que se saben diferentes pero complementarias con sus hombres, mujeres que saben que el enemigo no es de género sino de clase.
Karla tenía razón, Las mujeres del alba es un libro que me gritó fuerte en el corazón y me hizo retumbar. Excelente libro, excelente presentación. Legítimo el orgullo de la mamá y el compañero de Karla.
Gracias Karla

martes, 25 de enero de 2011

Diez años


Un país que devora a sus hijos, una sociedad que no sabe que hacer con lo mejor de sí misma, sus jóvenes. En eso está convertido México desde hace diez años.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Primer Coloquio de Investigación y Desarrollo de Proyectos Interdisciplinarios







Como parte de los estudios del Doctorado en Ciencia y Humanidades para el Desarrollo Interdisciplinario, estuvimos en la Ciudad de México la primer semana del mes, es decir, del 6 al 10 de Diciembre a fin de participar en el Primer Coloquio de Investigación y Desarrollo de Proyectos Interdisciplinarios. Fue una estupenda oportunidad para conocer y tratar personalmente a los compañeros que desde diversas partes del país están cursando este Doctorado. El evento ofreció muchas y muy agradables sorpresas, quizá la mas importante fue la participación de Rolando García en este Coloquio en el que tuvimos la oportunidad de escuchar, de viva voz, los planteamientos que sobre Interdisciplina, Epistemología Genética y sistemas complejos ha formulado Rolando desde hace ya varios años. De igual manera, conocimos de cerca la propuesta de cibercultura de parte de Margarita Maass, José Amozurrutia y Jorge González, propuesta que junto con los tres planteamientos de Rolando García constituyen los cuatro pilares sobre los que descansa la formulación de este Doctorado.